Amá Guazú
- Album: Agua Bendita
- Duración: 5:09 minutes (1.77 MB)
- Formato: Stereo 22kHz 48Kbps (CBR)
Dice el Aváñe'e/ Yacyretá es un puñal/ Desangrando el agua grande/ y en su socavón hemos perdido todos./ Un estruendo de pájaros en fuga/ desordenan el exilio de los montes.
Desesperados peces sin aliento/ buscan el origen río arriba/ rompiendo sus agallas en las piedras./ Cautivos entre redes de metal./ Una y otra vez preguntan por Í-Yára.
Los blancos expulsaron los duendes de la selva./ Tupá los deja hacer/ y piensa,/ si no es tiempo de soltar otro diluvio.
Dice El Suelo./ Me hallará descubierto cuando venga./ Desnudo de broza, malherido./ Asestará sus punzones de mojaduras sin reparo/ entre tocones de una selva rota./ Los túmulos del agua prisionera/ auguran su revancha.
Dice La Selva./ El aire arma dolores de savia./ Bajan los golpes, los ecos repetidos;/ las orugas desarbolándome los brazos/ quieren cobrarse mi sangre primigenia/ alimentando una vegetación foránea.
Nadie puede arrendar mi corazón/ sin rendir cuentas./ Ellos no ven/ que la muerte avanza con voces apagadas.
Dice El Cielo./ La muerte acampa en el monte./ Desmigajando los cedros./ Semillas trashumantes habitan los ojos de la noche.
Los hombres han quebrado las fronteras,/ como animales en destierro se amenazan/ mientras los arados martirizan el despojo/ con sus vertederas calzadas en el suelo.
La quemazón alcanza mis alturas/ con las alas extendidas en la sangre.
Y yo, aquí,/ no sólo soy testigo./ Mil voces en el aire/ ennegrecen una furia de tormentas.
Dice El Ysyry Guazú. / Un rumor de pájaros ausentes/ enmudecen la noche sobre un lecho de barro.
La negrura oculta los vestigios del monte/ zaherido en las orillas por un pantanal sin alma.
Entre túmulos hediondos/ sólo las anguilas soportan la bajante.
Mientras tanto/ boqueo de impotencia río arriba.
Dice Yvytú Rusú/ Arasý descansa sobre el agua/ sus olores de madre/ pariendo nubarrones vitelinos./ Sus humedades alimentan una selva perseguida/ corriendo por bajos y fracturas./ Apenas se acomoda entre las cuencas/ amagándole remansos a la orilla,/ guareciéndose en un quiebre de maderas/ y pájaros deshechos/ entre guijarros que custodian los murmullos del río.
Ciertas penas se ocultan en su vientre:/ quieren extirparle los ovarios,/ envenenar las napas,/ acaparar el envión de sus torrentes./ Py'aropú hiere el aire de la noche./ Por las dudas,/ sin demoras afilo mis machetes.
Dicen Los Duendes./ Somos Custodios del monte/ y nos fueron diezmando con su ciencia,/ con sus crímenes/ contra los Aváñe'e/ la inquisición y la mentira.
Somos los nombres invisibles del orgullo:/ el Pombero, el Curupí, Yací Yaceré, la Póra y el I-Yára./ Somos los duendes./ Apenas cinco siglos les bastaron/ para desmembrar nuestro Tiempo de Leyendas./ Ahora tendremos que juntarnos/ el agua nos convoca/ en la Tierra sin Mal de nuestros padres/ revivida en la voz de los poetas.
Dice Tupá./ Les di todos los dones de la vida:/ sabiduría, prudencia, templanza/ y los dobles filos de la libertad.
Eligieron los errados caminos de la muerte,/ el egoísmo, la soberbia./ No tendría razón para ocuparme/ salvo evitarles sus rumbos al suicidio.
Ellos son los mismos que maltratan./ Beben de las fuentes que envenenan su avaricia:/ el agua de los ríos, las cuencas subterráneas,/ los lagos y la lluvia.
Y no me corresponde detenerlos/ a menos que uno, sólo uno,/ sostenga su Fé en los Hombres de la Tierra,/ esos guerreros de esperanzas mínimas.
No les voy a dejar abandonados./ A los otros les advierto:/ ¡ya va siendo hora/ de soltar otro Diluvio!.
Autor: Alfredo Villegas Oromi


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